Más sabia que antes

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Detesto a los tacaños afectivos. Tanto hombres como mujeres. Este asunto, como muchos otros, nada tiene que ver con el género aunque normalmente, y lo siento por si alguien se ofende, no suelen tener ni hijos ni mascotas.

Son atractivos y cultos. Dedican el 99 por ciento de su tiempo al trabajo. Por eso nunca tienen un sólo minuto. Les encanta incidir en lo ocupados que están con sus vidas. Y creen que son fuera de serie pero en realidad son más necios de lo que imaginan.

Necio: Persona que insiste en los propios errores o se aferra a ideas o posturas equivocadas demostrando con ello poca inteligencia.

Sólo piensan en ellos, en colmar sus intereses personales. Lo cual no sería nada malo si se compensara con un mínimo de empatía por el prójimo. Pero desconocen ese término.

Les cuesta horrores ponerse en la piel del otro y cuando por una vez lo hacen, se sienten la madre Teresa de Calcuta.

Chateando son terriblemente maleducados. Suelen dejarte con la palabra en la boca. Nunca dan los buenos días, ni las buenas noches. Ven el saludo como algo completamente innecesario. Un protocolo innecesario. Irrumpen sin más como elefantes omnipotentes. Obviando lo que les dijiste en el último mensaje. Probablemente ni lo hayan escuchado. Eso sí, les viene bien que estés ahí para cuando proceda.

No dudan en dejarte colgada a la primera de cambio y avisarte de un modo correctísimo en el último momento. Tú llevabas varias horas intentando confirmar la cita y tratando de organizarte con la canguro pero qué más da. A ellos los pormenores les traen sin cuidado.

Puedes esperar horas y horas para que te respondan aunque veas claramente que están en línea. Lo cual, más si es a altas horas de la noche, confirma que tienen la agenda llena de gente en reserva y que en ese momento simplemente han elegido a otro o a otra.

Como son incapaces de ponerse en la piel de nadie les importa cuatro pitos si tu hijo ha estado malito o cualquier otro daño colateral. O si lo has podido dejar a buen recaudo para poder acompañarlos a tomar algo. Nunca valorarán tu esfuerzo. Ni te preguntarán por lo que más te importa.

Cada vez que me cruzo con gente así cometo el error de tardar en detectarlos porque son seductores por naturaleza. Y al principio una cree que ha encontrado a alguien que realmente vale la pena pero con el tiempo observas que esa persona no tiene el menor interés en saber quién eres. Eres simplemente un asteroide más que gira a su alrededor.

En estos casos, sugiero una regla de oro que suelo cumplir a rajatabla; al tercer feo y aunque duela, mirar para otra parte. Eso sí, primero dar tres oportunidades por si a caso. Si existe la remota posibilidad de que de verdad le importes, ya se espabilará.

Lo mejor es reconocer que te has equivocado y seguir adelante con tu vida. Siempre con la cabeza alta, y un poco más sabia que antes.

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