Pensamientos en pleno vuelo

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Por fin mis temores se rinden ante lo que veo. Las formas de las nubes. El destello brillante del sol sobre el agua.

El miedo se aleja.

Las casitas y los barcos se vuelven diminutos.

También mi miedo se torna diminuto.

Ya casi puedo guardarlo en el bolsillo pequeño del pantalón.

Y por un instante me siento grande como si fuera dueña del mundo.

Si desde aquí arriba yo pudiera cambiar las cosas…

Aprovecharía para limpiar el dolor que producen la pobreza, el hambre y la enfermedad. Y transformaría lo malo en algo positivo.

Me pido un té y sigo escribiendo en el diario.

La suciedad y los desperfectos de la cabina del avión ya no me resultan amenazantes.

Tengo tan mala letra. Es que mis pensamientos van demasiado rápido y mi torpe trazo a remolque.

Y él vuelve a venirme a la cabeza como una avispa que se abalanza sobre un trozo de carne.

Hace poco que nos conocimos.

A veces pienso que es una especie de brujo y que lo está haciendo a propósito.

En cualquier caso, debo dejar de engancharme a hombres que no saben amar.

En realidad como no dan, no existen.

Sólo los que dan algo de sí mismos tienen verdadera presencia en nuestras vidas.

Al principio, esa frialdad que te atrapa te permite idealizarlos.

Todo parece perfectamente posible.

Pero cuando pasan los días, las cosas caen por su propio peso.

Ya estamos descendiendo.

Me encanta escribir en el avión aunque con las turbulencias más que escribir garabatee.

La gente que mira debe alucinar. Qué hace esa loca escribiendo en el avión, deben preguntarse.

Pues lo único que hago es despistarme un poco.

Hay quien se bebe el mini bar entero ó se toma un somnífero. Yo escribo.

Aún mantengo mi miedo en el bolsillo del pantalón como una pequeña lucecita que a veces parpadea.

Esta vez logré ganarle la batalla. Cuando leo no es lo mismo.

Y el mar se vuelve de un azul penetrante, casi aterciopelado..

Pequeñas líneas blancas señalan la presencia de algún barco.

Sí, un velero en medio de la nada.

¿Por qué el ser humano tiene esa necesidad de aislarse? ¿Será una forma de prepararse para la decrepitud y la muerte?

Creo en la belleza de todas las etapas. También en la de la vejez.

Dónde muchos ven el final, veo un nuevo comienzo.

Me gusta nadar contracorriente.

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